Programan manos de robot para operar personas

Programan manos de robot para operar personas¿Cómo se le conoce a un cirujano que opera sin escalpelos, instrumental de sutura o una poderosa lámpara sujeta a la cabeza para iluminar las entrañas del paciente? Un mejor doctor, de acuerdo con un creciente número de cirujanos que prefieren ceder gran parte de su labor relacionada con sangre y vísceras a los robots médicos controlados desde consolas computacionales.
Muchos urólogos que realizan cirugías de próstata ven a los movimientos precisos y sin temblor de un robot como la mejor manera de evitar dañar los nervios cruciales para el control de la vejiga y la potencia sexual. La habilidad de un robot para manejar con destreza pequeños instrumentos puede resultar en un procedimiento menos invasivo y una recuperación más rápida para el paciente. Los robots también pueden proteger a los cirujanos del estrés físico y la exposición a los rayos X que puede obligarlos a una jubilación prematura.

Hace una generación, el debate en medicina era si la robótica alguna vez desempeñaría una función.

Hoy, los robots son un segmento, de mil millones de dólares, de rápido crecimiento y en proceso de diversificarse, de la industria estadounidense de los aparatos médicos.

Es notable la frecuencia con la que figura Frederic H. Moll en cualquier discusión sobre robots médicos. Moll, de 56 años, fundó Intuitive Surgical, compañía que ahora domina el campo, y se le conoce más como el director ejecutivo de Hansen Medical, compañía de robótica que se cotiza en la bolsa y se enfoca en la atención cardiaca mínimamente invasiva.

Pese a la creciente afición de Wall Street por las compañías de robótica médica, muchos proveedores del cuidado de la salud y compañías aseguradoras se muestran precavidos. Buscan mayor evidencia de que la robótica mejora los resultados para los pacientes, a un costo que puedan absorber los hospitales. Muchos aún se preguntan si se trata más de mercadeo que de avance médico.

Winifred Hayes, directora ejecutiva de Hayes Inc., firma de consultoría tecnológica del cuidado médico, en Lansdale, Pennsylvania, dice que la mayoría de los datos clínicos no apoyan las afirmaciones de que a los pacientes les va mejor con la cirugía robótica. La mayor parte de los hospitales y clínicas está en proceso de perder dinero u obtener pocos réditos de sus robots, señala.

Durante los 80, los robots revolucionaron la manufactura, gracias a los avances en computación, controles de movimiento y diseño de software. Los visionarios, como Richard M. Satava, médico que supervisó la investigación de robótica médica financiada por el Gobierno estadounidense en esa época, pronosticaron que los robots, a la larga, serían capaces de operar con la misma precisión que los cirujanos más eminentes del mundo y más infatigablemente, quizás incluso en lugares lejanos, a través de enlaces satelitales.

Un proyecto financiado por el grupo de Satava para construir un robot médico a control remoto para el campo de batalla llamó la atención de Moll, en 1994. El científico vio escaso potencial comercial para la cirugía a larga distancia, pero estaba convencido de que la tecnología podría adaptarse para volver a la cirugía de rutina mucho menos invasiva en las manos de cirujanos civiles.

Le presentó la idea a Guidant, compañía de aparatos médicos y su patrón en ese tiempo. Guidant decidió que la cirugía robótica era demasiado futurista y riesgosa, así que Moll renunció y, en 1995, fundó Intuitive Surgical.

La compañía prosperó al probar que los robots podían manejar con destreza los instrumentos quirúrgicos rígidos, como los escalpelos y las agujas de sutura, a través de pequeñas incisiones en la piel del paciente. En la cirugía de próstata, rápidamente se está volviendo muy inusual que un urólogo opere sin utilizar uno de los robots Da Vinci, de Intuitive, que cuestan 1 millón 300 mil dólares en promedio.

Ahora, Intuitive comercializa el Da Vinci a otros especialistas, entre ellos ginecólogos y cirujanos cardiacos.

En el 2002, Moll dejó Intuitive para ir en pos de un concepto más ambicioso, en Hansen Medical: robots que manipulan las puntas de catéteres delgados y flexibles que los doctores insertan en el corazón.

Si tiene éxito, los sistemas robóticos Sensei, de Hansen, que cuestan aproximadamente 675 mil dólares, podrían volverse los instrumentos preferidos para tratar muchos problemas circulatorios.

Por lo general, los médicos que usan catéteres tienen acceso al sistema circulatorio a través de pequeñas incisiones en las venas principales que pasan por el muslo o el brazo. Tanto los fabricantes de instrumentos rígidos como las compañías de catéteres compiten en otro campo de rápido desarrollo de la terapia “sin cicatriz”, que involucra operaciones realizadas a través del tracto urinario y otros orificios naturales.

Moll señala que la robótica avanzará, a la larga, a otros frentes, principalmente porque puede ayudar a los doctores con niveles variables de habilidad a desempeñarse al nivel de los mejores cirujanos del mundo.

Por BARNABY J. FEDER - El Universo

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